El ánodo de sacrificio del termo eléctrico: qué es y por qué alarga su vida

La pieza que se sacrifica para salvar el depósito
Un termo eléctrico es, en esencia, un depósito metálico lleno de agua que se calienta con una resistencia. El gran enemigo de ese depósito es la corrosión: el agua caliente, sobre todo si es dura y con cal, ataca el metal poco a poco hasta que aparecen fugas y el termo hay que tirarlo. Para retrasar ese final, los fabricantes colocan dentro una barra metálica llamada ánodo de sacrificio, casi siempre de magnesio.
Su funcionamiento es tan elegante como su nombre indica: el ánodo es un metal más reactivo que el acero del depósito, así que la corrosión lo ataca a él primero. Mientras el ánodo se va consumiendo, el depósito permanece protegido. Se sacrifica para que el termo no lo haga.
Por qué se gasta y qué depende de él
El ánodo no dura para siempre. Cuanto más dura es el agua y más se usa el termo, más rápido se consume. En zonas con mucha cal puede quedar reducido a un simple alambre en pocos años. El problema es que, una vez agotado el ánodo, la corrosión pasa a atacar directamente el depósito, y ahí empieza la cuenta atrás hacia la primera fuga.
Por eso el estado del ánodo tiene un efecto directo en la vida útil del aparato: revisarlo y cambiarlo a tiempo puede duplicar los años que aguanta un termo.
Señales de que conviene revisarlo
Hay pistas que invitan a mirar el ánodo, aunque el termo funcione:
- Olor a huevo podrido en el agua caliente: ciertas reacciones del ánodo de magnesio con el agua producen ese olor a azufre.
- Agua turbia o con partículas al abrir el grifo de agua caliente.
- Un termo con varios años y sin ningún mantenimiento desde que se instaló.
- Zona con agua muy dura, donde el desgaste es más rápido de lo normal.
Mantenimiento y precauciones
La revisión del ánodo suele hacerse junto con la limpieza de cal del depósito y de la resistencia. Implica cerrar la entrada de agua, desconectar la corriente, vaciar el termo y desmontar la pieza para comprobar cuánto queda de ella. No es una operación complicada para un profesional, pero sí exige cortar la alimentación eléctrica y manejar el agua caliente con cuidado.
Si no recuerdas la última vez que se revisó tu termo, o si empieza a dar agua con mal olor, pide que comprueben el ánodo dentro del mantenimiento. Es una pieza barata que, cambiada a tiempo, evita tener que comprar un termo nuevo mucho antes de lo necesario.
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