Detectores de CO y de humo: cuál necesitas, dónde van y cuándo cambiarlos

Dos aparatos distintos que se complementan
Son la protección más barata y eficaz que existe para un hogar, pero mucha gente los confunde: un detector de monóxido de carbono (CO) y un detector de humo no son lo mismo ni se sustituyen entre sí. El de humo avisa de un incendio; el de CO, de una combustión defectuosa de la caldera, el calentador o la cocina de gas. En una vivienda con aparatos de gas, lo ideal es tener ambos, cada uno en su sitio. Vemos los dos.
El detector de monóxido de carbono
El CO es un gas incoloro e inodoro de la combustión incompleta de cualquier combustible (gas, gasoil, carbón, leña). No se detecta con los sentidos: en concentraciones bajas da dolor de cabeza y náuseas; en altas, es letal en minutos.
Por qué puede haber CO en casa
- Caldera o calentador con combustión deficiente.
- Ventosa o conducto de humos obstruido.
- Chimenea con tiro insuficiente.
- Braseros, estufas de camping o barbacoas en interiores (nunca deben usarse).
- Garaje comunicado con la vivienda donde se arranca el coche.
Cómo funciona y dónde colocarlo
Lleva un sensor electroquímico que mide la concentración de CO y da la alarma al superar los umbrales (unos 50 ppm durante 60 minutos, o 150 ppm de inmediato). Colócalo:
- A altura de respiración (1,5-2 m), no en el suelo ni pegado al techo.
- En cada planta, especialmente en dormitorios.
- Cerca del cuarto de la caldera, pero no a menos de 1,5 m del aparato.
- Nunca en la cocina justo sobre los fogones: da falsas alarmas.
Si suena: sal de la vivienda con toda la familia, llama al 112 desde fuera y no vuelvas a entrar hasta que lo revise un técnico.
El detector de humo
La mayoría de las víctimas de un incendio doméstico no mueren por las llamas, sino por el humo mientras duermen. Un detector de humo cuesta poco y da lo que no tiene precio en un incendio: tiempo para despertar, reunir a la familia y salir.
Dónde colocarlo
El humo caliente sube, así que va en el techo, en el punto más alto de la estancia y algo separado de paredes y esquinas. Al menos uno por planta y en los pasillos que dan a los dormitorios; dentro de las habitaciones si se duerme con la puerta cerrada. Evita la cocina y el baño justo sobre la ducha (el vapor dispara falsas alarmas).
Detectores interconectados
En viviendas grandes o de varias plantas compensan los modelos interconectados: cuando uno detecta humo, suenan todos. Así, un fuego en el garaje o la planta baja despierta también a quien duerme arriba. Los hay inalámbricos que se enlazan sin cables.
Lo que casi nadie sabe: caducan
Ninguno de los dos dura para siempre.
- Detector de CO: el sensor electroquímico se agota a los 7-10 años. Anota la fecha de instalación y sustitúyelo cuando toque, aunque "parezca" funcionar.
- Detector de humo: el sensor pierde sensibilidad; traen fecha de caducidad, normalmente 10 años desde su fabricación. Pasado ese tiempo puede pitar al pulsar el test y aun así no reaccionar ante un fuego real. Cámbialo entero mirando la fecha impresa detrás.
- Pilas: salvo los modelos sellados de larga duración, se cambian una vez al año, o en cuanto el aparato emite el pitido corto de aviso.
Cómo elegirlos y mantenerlos
Para el de CO, busca la norma EN 50291, alarma de 85 dB, a ser posible pantalla con lectura de ppm y batería sellada de 7-10 años. Evita los aparatos sin marcado CE ni norma declarada: un detector que no detecta es peor que ninguno, porque da falsa confianza. Precio razonable: 20-40 euros.
Pruébalos una vez al mes con el botón de test, quítales el polvo con el aspirador de vez en cuando y nunca los pintes ni los tapes. Combinar detectores de CO y de humo, bien colocados y con el mantenimiento al día, es una de las decisiones de seguridad más rentables que puedes tomar en tu hogar. Si dudas de cuántos necesitas o quieres un sistema interconectado para toda la casa, un profesional puede ayudarte a diseñarlo.
Foto de portada del detector de humo: "FireAngel smoke detector system" de Andy Mabbett, bajo licencia CC BY-SA 4.0.
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